Este espacio reúne recuerdos de las personas que compartieron la vida de Miguel: familiares, amigos y quienes, en distintos momentos y lugares, tuvieron la fortuna de conocerlo.
Son recuerdos personales, escritos desde perspectivas diferentes, que ayudan a conservar algo de quien fue Miguel y de la huella que dejó en quienes lo quisieron.
Si conociste a Miguel y quieres compartir un recuerdo, una fotografía o unas palabras sobre él, puedes hacérnoslas llegar. Algunas de estas contribuciones podrán incorporarse a esta página para ayudar a conservar, entre todos, su memoria.

Llenaste mi vida de tanta felicidad que no hay pena, por grande que sea, que pueda eclipsarla.
Mamá
A mi hijo
Cuando intento recordar nuestra vida juntos no encuentro una historia sencilla. Hubo años felices y otros difíciles; momentos de enorme cercanía y también distancias que llegaron a ser muy grandes. Nuestra relación conoció las alegrías y las dificultades de padres e hijos, porque quererse no significa que siempre sea fácil encontrarse.
Pero ninguna de esas distancias puede cambiar lo esencial: ser tu padre ha sido una de las experiencias fundamentales de mi vida.
Llegaste a ella para llenarla de alegría, pero también de sentido y de responsabilidad. Desde que naciste hubo alguien por quien preocuparse, alguien a quien acompañar y alguien cuyo futuro imaginar. Contigo llegaron ilusiones, viajes, proyectos, inquietudes y también innumerables conversaciones. Algunas fueron importantes; otras, seguramente, no trataban de nada trascendente. Hoy daría cualquier cosa por recuperar una de ellas.

Conservo muchos recuerdos de nosotros dos. Conservo también el orgullo que siempre sentí por tu curiosidad y tu sensibilidad hacia la cultura; y hasta una cierta envidia por algunas cualidades que poseías con tanta naturalidad: tu don de gentes, tu facilidad para hacer amigos, tu sensibilidad hacia la estética y el cuidado personal y, sobre todo, esa forma tan tuya de demostrar el cariño a través de los pequeños detalles.
Pero quizá me acompañan todavía más las cosas que quedaron por hacer. Los lugares a los que iríamos, las conversaciones que continuaríamos, los problemas que resolveríamos, las cosas que todavía tenía que enseñarte y tantas otras que, probablemente sin saberlo, me habrías enseñado tú. Han quedado planes huérfanos, pequeños futuros que parecían insignificantes porque dábamos por supuesto que habría tiempo.
Tu ausencia me ha hecho comprender hasta qué punto estabas presente en mi vida, incluso durante los periodos en que estuvimos más alejados. Un hijo ocupa un lugar que la distancia puede transformar, pero no borrar.
Me hubiera gustado tener más tiempo. Quizá por eso vuelvo tantas veces a aquel verso de Miguel Hernández:
«que tenemos que hablar de muchas cosas»
Hay además una circunstancia que ha adquirido para mí un significado especial. Descansas a apenas un centenar de metros del poeta. Tú, que sentías tanta curiosidad por la cultura, el arte y las historias de los lugares, has quedado para siempre cerca de él. Me gusta pensar en esa proximidad y en que sean precisamente unas palabras suyas las que expresen tan bien algo de lo que siento: nos quedaron muchas cosas de las que hablar.
Con el tiempo quizá algunos recuerdos pierdan sus contornos. Otros permanecerán intactos. Por eso existe también este lugar: para guardar algo de ti y para que quienes lleguen hasta aquí, incluso cuando nosotros ya no estemos, puedan saber quién fue Miguel y cuánto significó para quienes lo quisimos.
Yo conservaré lo que pertenece solamente a nosotros. Las palabras dichas y las que quedaron por decir. Los buenos momentos y también los difíciles, porque todos forman parte de nuestra historia.
Y por encima de todos ellos permanecerá siempre una certeza muy sencilla:
Fuiste mi hijo y te quise. Te quiero y te querré siempre.
Papá

El flamenco, las tradiciones, los trajes típicos… Buscabas la autenticidad en cada lugar y en cada persona que conocías. Recuerdo con afecto nuestra complicidad hablando de moda, cosmética, Granada y Lorca. Hace unos días, al ver la película La bola negra, eche de menos nuestras conversaciones y todo lo que habríamos comentado.
Te echamos de menos.
Tu «madrastra», como te gustaba bromear.
Mi Miguel
Miguel era mi ahijado, pero desde pequeño nuestra relación fue mucho más allá de ese vínculo. Siempre tuvimos una conexión especial, de esas que se construyen con los años y los momentos compartidos.
Durante sus veranos en Alicante, muchas veces se venía conmigo. Íbamos a la playa, a Tabarca, al cine, a cenar… y poco a poco fuimos creando nuestros propios recuerdos. También compartió muchos momentos con mi familia y, en los últimos tiempos, descubrimos una nueva afición común: el senderismo.
Un día me dijo que quería subir a aquella montaña que veía desde casa. Y allá que nos fuimos: al Cabeçó d’Or, los tres —Kiko, Miguel y yo—, con nuestra perra Xena, acompañados por mi amiga Conchi y su perro Koby. Después vinieron otras rutas por Alicante y también por Valencia. Me gusta pensar que, además de recorrer caminos y montañas, en aquellas caminatas fuimos reuniendo un puñado de recuerdos que hoy guardo con muchísimo cariño.

Miguel me llamaba o me escribía muy a menudo y casi siempre empezaba de la misma manera:
«Tía, ¿cómo estás?»
Y yo sabía que detrás de esa pregunta venía una conversación. A veces quedábamos para uno de esos almuerzos de las once, que él seguramente llamaría de otra manera, y nos sentábamos a charlar tranquilamente. Podíamos hablar de cualquier cosa. No siempre pensábamos igual ni estábamos de acuerdo en todo. Alguna vez me decía, riéndose:
«Tía, te pareces a mi padre».
Y yo me reía con él.
Ahora echo muchísimo de menos esas llamadas, esos mensajes, nuestros almuerzos, las conversaciones, las rutas y, sobre todo, el simple hecho de estar juntos. Porque quizá eso era lo más valioso de nuestra relación: no necesitábamos hacer nada extraordinario. Nos bastaba con compartir un rato.
Me quedo con todos esos momentos y con el enorme cariño que siempre le tuve. Hay personas que, aunque ya no podamos verlas ni escuchar su voz, siguen formando parte de nuestra vida a través de los recuerdos.
Te voy a echar mucho de menos, Miguel. Siempre te echaré de menos.
Tu tía Ana